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Aprendí andando a curarme las heridas con mi propia saliva. A soportar el dolor y el fracaso con el corazón y la mente en reposo. A apurar el tiempo de la reflexión, como única garantía de mis acciones. A acomodarme y desacomodarme, según vengan los golpes y a buscar en las profundidades, la recuperación que nadie buscará por mi. Con estos pertrechos y algo más... ambulo por la vida, con cierta seguridad contra el mal de los tontos y aquellos que provienen de mi propia vanidad.
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© Daniel Barceló
Fuente: http://www.nuevaliteratura.com.ar/barcelo29.htm
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